Entender que el género es performativo implica, por ello, dar cuenta de que lo que nuestros estudiantes asumen como algo dado, como una esencia que se desprende de su ser sexual y biológico es, en realidad, un conjunto de maneras de ser y estar en el mundo que han sido aprendidas y naturalizadas como intrínsecas a nuestro devenir como personas. Estas maneras de ser y estar, de vincularnos con los otros, de nombrar aquello que se siente, vive y experimenta son, a su vez, parte de los dispositivos de poder que la sociedad despliega para controlar el cuerpo social, en función de determinadas hegemonías.